La argentinidad al palo
En cada lugar del mundo, en este instante, de Martín Mir. La era del olvido, de Francisco Estrada.
Las dos obras que vi esta semana tienen impronta local. Una transcurre en la crisis que vivimos en 2001. La otra es un semblante sobre un político bien de acá.
A Vera Vera Teatro se sube por una larga escalera. La sala funciona en lo que alguna vez fue una vivienda. Quienes montan obras en esa sala aprovechan las puertas como parte de la escenografía. En la obra “En cada lugar del mundo, en este instante”, de Martín Mir, el espacio se convierte en un cuarto de alquiler al costado de una ruta.
Es diciembre de 2001. Un matrimonio cansado del contexto, y quizás del matrimonio mismo, viaja rumbo a unas vacaciones. La tranquilidad deseada no llegará nunca.
Todo empieza con la pareja entrando al cuarto de alquiler luego de haber tenido un problema con el auto. Él (Lucas Delgado) es un importante empresario de la carne. Ella (Manuela Fernández Vivian) es una actriz que tuvo algún momento de apogeo en televisión y ahora no. Nelson (Damián Smajo) les alquila la habitación.
La paz que buscaba no llega y es lo mejor que tiene la obra. Una seguidilla de problemas, gritos, discusiones, reproches y sexo. Todo entre diálogos directos, sin filtros, que empujan la historia a toda velocidad. Y todo eso con Nelson como testigo.
Afuera el mundo está a punto de estallar. En ese cuarto la tensión crece y todo parece que está por derrumbarse como el país. El cuarto que iba a refugiar a ese matrimonio durante una noche se convierte en un espacio asfixiante donde la energía de la pasión y la vergüenza del fracaso se mezclan y combustionan.
Una obra muy lograda y entretenida, con personajes bien delineados y una seguidilla de escenas que sorprenden todo el tiempo. Con un ritmo perfecto. La dirección también es de Martín Mir y es tan buena como el texto.
Las actuaciones de los tres son geniales pero quiero destacar sobre todo el trabajo de Damián Smajo como Nelson, quizás el mejor personaje de esta historia.
Las funciones son los viernes, a las 20.
El olvido que seremos
La otra obra que vi es realmente impactante. “La era del olvido”, de Francisco Estrada, con una actuación explosiva, realmente demoledora de Germán Rodríguez. ¿Cómo puede un hombre solo en escena hacer tanto, transmitir tanto? Ya me había sorprendido cuando lo vi en “Rodando”, otro unipersonal buenísimo que comenté en una edición anterior de este newsletter.
Esta propuesta es una invitación a espiar de cerca el detrás de escena de la política. Y esa cercanía es literal porque la función es en la sala de arriba de El Camarín de las Musas, que tiene pocas butacas y tenés al actor a metros.
Germán Rodríguez es un instrumento de actuación descomunal. La manera en que proyecta y modifica la voz, los gestos de los ojos y la boca, y los movimientos que hace con el cuerpo son magnéticos.
El personaje de esta obra es un animal político, hijo de otro político importante. Como en un tablero de ajedrez, espera los movimientos que dará el presidente en el armado de su equipo y si le dará o no lugar en el juego.
Una obra que desnuda el peso de la herencia y cómo administramos nuestra historia, lo que somos, lo que nos obligan a ser. Poder y humillación. Ambición y soledad. Redes sociales y máscaras. Verdad y mentira en esa microsociedad de las personas que nos gobiernan.
En un escenario casi vacío, esta obra es actuación pura y palabra. Un texto violento, visceral, que le saca la careta al poder. ¿De qué vale un heredero que sólo administra lo que recibe?, es la pregunta que alimenta esta obra imperdible.
Las funciones son sábados a las 20.45 y los domingos a las 19. Este sábado que viene cumple 50 funciones. Andá y sumate al festejo.



