Teatro, te amo
Las Adoro, de Juanse Rausch. Carrera de fondo, un texto de Nadine Lifschitz con dramaturgia de Mariana Chaud.
Algunas obras parecen hechas desde el amor más absoluto por el teatro. Porque además de hablar de actores, de escenarios o de funciones, transmiten el deseo indomable de estar ahí arriba. Jugando, cantando, transformándose frente a otros.
“Las Adoro”, de Juanse Rausch, es eso.
José y Herminia Adoro son hermanos. Actores. Dos artistas de más de ochenta años que reciben el llamado para una última audición. A partir de ahí, empiezan a ensayar, a recordar, a cantar, a atravesar los mares movedizos de la memoria. Y mientras intentan prepararse para esa oportunidad final, aparece un llamado del pasado, un pedido de auxilio que llega desde el pueblo donde nacieron.
La obra, protagonizada por Lucía Adúriz y Mariano Saborido, es un despliegue de talento que pocas veces se ve sobre un escenario. Lo digo de verdad. Hay algo hipnótico en el modo en que los dos construyen a estos personajes entrañables, exagerados, vulnerables y vivos.
Es disparatada y emotiva al mismo tiempo. Y ese equilibrio no es fácil.
Hay canciones en vivo, cambios de vestuario constantes, tangos clásicos revisitados desde el humor y el juego. Trajes de distintas épocas arma una especie de telón de fondo emocional. Como si el teatro entero estuviera ahí, acumulado en telas, voces, recuerdos y cuerpos. Y los cuerpos de Lucía y Mariano hacen mucho. Muchísimo.
Se nota el disfrute. Se nota que están jugando. Que junto a Juanse encontraron una dinámica donde todo puede pasar: cantar, exagerar, improvisar, emocionarse, romper la cuarta pared, volver a entrar. La obra tiene un vínculo permanente con el público. Lo busca. Lo necesita. Lo convierte en parte del acontecimiento.
“Las Adoro” funciona como un homenaje a todos esos hermanos artistas que dio el teatro. Hermanos de sangre o hermanos elegidos. Personas que construyeron una vida alrededor de una pasión compartida.
Pero también habla del teatro como capital afectivo. Como herencia emocional. Como espacio donde una familia puede encontrarse, pelearse, sobrevivir.
Y quizás por eso el aplauso final fue tan largo. El público terminó de pie. Mucho tiempo. No pasa tan seguido.
Creo que cualquier persona que ame el teatro tiene que verla. Y si actuás, si alguna vez actuaste o si alguna vez sentiste el deseo de subirte a un escenario, todavía más.
Porque “Las Adoro”, además de ser una obra que habla del teatro, cree en el teatro.
Las funciones son los lunes, a las 20.30, en El Galpón de Guevara.
La pareja como campo de batalla
Vi “Carrera de fondo” y salí con pensamientos menos románticos: amar a alguien también puede ser una forma sofisticada del agotamiento.
La obra nace de un cruce muy interesante entre Vinilo Editora y Teatro Futuro. Vinilo publica libros pequeños, hermosos como objeto, ligados a la autoficción. Y esta vez decidieron llevar uno de esos textos al escenario. El elegido fue “Carrera de fondo”, de Nadine Lifschitz.
Y, en la misma ocasión, presentaron una nueva colección: "Programa de mano", que debuta con cuatro íconos del off porteño: “La vida extraordinaria” de Mariano Tenconi Blanco, “La fuerza de la gravedad” de Martín Flores Cárdenas, y “La mujer puerca” de Santiago Loza.
"Carrera de fondo", recién estrenada, empieza con esta escena: una mujer logra dormir a su bebé de siete meses. Entonces el padre le pide hablar y le dice que quiere abrir la relación.
Meses después, se separan.
A partir de ahí, la obra entra en ese territorio caótico, absurdo y doloroso que es una separación. Pero no lo hace desde el drama solemne. Al contrario. Hay mucho humor. Un humor incómodo, ácido, reconocible.
Porque las separaciones son así. Patéticas. Ridículas. Tristes. Y con el tiempo, incluso divertidas.
Nadie Lifschitz contó que el libro empezó como una acumulación de frases: cosas ridículas, dolorosas, cómicas, extraordinarias. Y algo de eso permanece en la estructura de la obra. Como si estuviéramos entrando a una caja negra llena de restos emocionales.
Mariana Chaud, que dirige esta adaptación, tomó además una decisión muy interesante: darle voz también al personaje de él. Si en el libro original la narración estaba centrada solamente en ella, acá aparecen las dos perspectivas intentando reconstruir qué pasó.
O peor: intentando entender qué era eso que tenían antes de romperlo.
Las actuaciones de Julieta Zylberberg y Gadiel Sztryk son muy buenas. Hay mucha precisión en el ritmo de los diálogos, en las discusiones interminables, en esos momentos donde una pareja deja de hablar para empezar a lastimarse. Y sin embargo uno se ríe.
Porque todo lo que aparece ahí resulta demasiado reconocible. Las escenas, las torpezas, los reproches, los intentos desesperados por tener razón. Cualquier persona que se haya separado va a encontrar algo propio ahí adentro. O peor: frases exactas que alguna vez dijo.
“Carrera de fondo” tiene además algo muy de esta época. Habla de maternidades, vínculos contemporáneos, desgaste emocional, nuevas formas de relacionarse y de romperse.
Un relato que parece no terminar nunca porque, en algún punto, las separaciones nunca terminan del todo. Siguen viviendo en frases sueltas, recuerdos mínimos, conversaciones que vuelven años después cuando uno pensaba que ya estaba a salvo.
Como que seguimos intentando entender qué pasó con alguien que alguna vez amamos muchísimo. O entender qué pasó con nosotros mientras tanto.
Las funciones son los jueves, a las 20, y los viernes, a las 22, en Teatro Picadero.
“Las Adoro” y “Carrera de fondo” son completamente distintas. Pero salí de las dos obras con la misma sensación: el teatro sigue siendo uno de los mejores lugares para mirar de cerca aquello que nos vuelve humanos. El amor, el desgaste, el deseo de seguir jugando aunque el tiempo pase y todo parezca desintegrarse un poco.
Y sí. Teatro, te amo.



